CAMINANTES

Rio Arauca. Arauca-Frontera entre Colombia y Venezuela. Decenas de personas cruzan el rio de Venezuela hacia Colombia para luego continuar un viaje a pie hacia Perú, Ecuador o algunas ciudades como Bogotá y Cali

“Por la mejor vida, nos fuimos porqué la situación está ruda, la economía, está todo caro, no alcanza para nada, un sueldo en Venezuela no alcanza para nada. Yo trabajaba en una escuela de cocinera mi esposo en un hospital de carpintero, solo daba para comprar una harina y una mantequilla”. Comenta una mujer que se encuentra descansando junto a un numeroso grupo de niños, mujeres y hombres en la vía llamada Libertadores, la carretera que va de la ciudad de Arauca, que se encuentra junto a la frontera con Venezuela, hasta Bogotá.

Entre 5,6 y 7 millones de personas salieron de Venezuela en busca de una mejor vida.

Decenas de personas que proceden de Venezuela andan cada día por la única carretera que une Arauca y Bogotá. Unos 620 km de carretera que unen a la ciudad de Arauca y a la capital del país. Andando podrían ser unos 20 días comenta Camila Sequeda, técnica del JRS en Arauca. Esta organización presta ayuda en este tramo de carretera y hasta ciudades más lejanas de la ruta utilizada por estas personas. Se dirigirsen, si tienen familiares o contactos hacia Bogotá, Cali u otras ciudades de Colombia. Muchas otras se dirigen hacia Perú o Ecuador y están dispuestas a cruzar el país a pie. Pues no tienen recursos para pagarse un transporte.

Un grupo de caminantes en la ruta de Arauca a Bogotá.

Si desayunabas no comías luego y si comías no desayunabas, tenías que elegir qué comida hacer porqué solo comías una vez al día”.

Luis Alfredo de 35 años, con su mujer María de 40 años y su hijo Frankiln Javier de 4 años. Son de Yaraquy en Venezuela. Salieron de su casa a pie tardaron 15 días de viaje hasta la frontera. Descansaron 10 días en Arauca y ahora andan por la carretera que une Arauca y Bogotá hacia Yopal , un municipo a unos 300 kilómteros de Arauca. Luego quieren dirigirse a Villavicencio pues Luis Alfredo era mecánico de motos en Venezuela y le han dicho que allí hay trabajo. Salimos porqué la cosa estaba dura, el salario no daba para comer, si desayunabas no comías luego y si comías no desayunabas, tenías que elegir qué comida hacer porqué solo comías una vez al día”.

Huyen de Venezuela, cruzando en canoa el río Arauca que hace de frontera natural en la ciudad que lleva su mismo nombre.
En la zona del puerto cada semana, cientos de personas cruzan de Venezuela por el rio hasta la ciudad de Arauca ” la semana que el gobierno de Venezuela abre la frontera” comenta un venezolano que trabaja en un hotel de vigilante de noche en la misma ciudad. “Los martes y los sábados de las semanas que son abiertas llegan muchas personas”, comenta una mujer venezolana que dice dormir en la zona del puerto.

Parece que en Venezuela hay semanas a las que dejan salir a personas hacia Colombia y otras el gobierno cierra las fronteras y las personas se ven obligadas a esperar que se abran o a pagar una canoa que les pase clandestinamente evitando la zona del puerto del rio, en Arauca.

Leidy de 24 años con su hija Khamila de 4 años y su hermano Jean Carlos de 20 años se dirigen hacia a Bogotá. Viene de Guanare en Venezuela.“ No conocemos a nadie allí, vamos a la aventura. En Venezuela cada día esta peor, el dinero del salario no alcanza para comprar comida. Medio salario se va en un kilo de arroz”.

“Este fenómeno no es nuevo, en 2017 ya empezaron a pasar por aquí muchas personas que huían de Venezuela. Salian personas con muchos recursos, luego salieron las que tenían muchas opciones a nivel profesional y económicamente.
Ya en el 2018-2019 empezaron a salir las personas con menos recursos, personas que viven de las ayudas del gobierno en temas de alimentación. Pero esto ahora cambió, las cajas CLAP de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción , comités promovidos por el gobierno, las cajas que les daban cada mes, ahora llegan cada dos, tres meses, y una caja de comida CLAP de las que da el gobierno, solo alcanza para una semana máximo dos de alimentación. Definitivamente no hay forma de subsistir. Se hace un estimado de un salario de unos 10 dólares al mes, quien sobrevive con 10 dólares al mes?”
– Comenta Camila Sequeda técnica del Jrs en Arauca. Un recorrido en coche por la carretera da para encontrar a varios grupos de personas que hacen la ruta hacia diferentes destinos a pie. Algunas tienen suerte y un camión les sube y les lleva durante un trayecto del viaje. Si tienen suerte algún camión que se dirija a Bogotá les ahorrarán días y días de andar por una carretera peligrosa por el alto trafico que registra.

Las cajas CLAP de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción , comités promovidos por el gobierno, las cajas que les daban cada mes, ahora llegan cada dos, tres meses, y una caja de comida CLAP de las que da el gobierno, solo alcanza para una semana máximo dos de alimentación.


Otros peligros a los que se enfrentan las personas que caminan por esta ruta en dirección a Bogotá, son los asaltos. A veces los mismo grupos asaltan a otros para revender y poder continuar el viaje.
O grupos armados que operan en esta zona, les hacen bajar de los camiones que les subieron. También algunos lugareños aprovechan el paso de los hombres caminantes para ofrecerles algún trabajo en el campo utilizándolos como mano de obra barata.


Camila hace especial hincapié en los intentos de abusos a los que se enfrentan muchas o la mayoría de mujeres esta ruta. Cuando encontramos a un grupo en el que va Génesis, una chica de 18 años que viaja junto a tres jóvenes. Camila le muestra un folleto donde le explica los posibles problemas de abusos que podría sufrir y la asesora en que tenga especial cuidado de posibles ofrecimientos de subirla solo a ella en un coche. Se han dado casos de que les ofrece subir solo a las mujeres jóvenes para llevarlas y así ahorrarse de andar un buen tramo de carretera.


Génesis de 18 años, viaja junto a tres jóvenes y dice que uno de ellos es su primo. Viene del estado de Apure en Venezuela. Va a hacia a Bogotá donde dice tener familia.

“Hay muchas mujeres, solas , mujeres gestantes, personas mayores. A unos kilómetros de Arauca en la ruta las personas caminantes encuentran un punto de apoyo en el que les dan un kit de comida para unos dos tres días. Porqué luego hasta Tame, no hay casi nada de ayuda, somos muy pocos los que estamos dando apoyo en esta ruta” dice Camila. Explica también que se presentan situaciones de racismo cuando estas personas piden agua o comida en casas que se encuentran en la ruta.

Brignelis de 22 años con su hijo Dilan de un año, se dirigen hacia Cali donde tiene a su hermana que lleva un año allí. Ella viaja sola con su hijo y se unió en el camino a Leidy su hija Camila y su hermano Jean Carlos. Explica que su marido viajó unos días antes cargando las maletas y todo lo que se llevaron de Venezuela.

Yuri de 42 años con su hija Carla de 15 años y sus hijos Jesus de 13 años y Jonaiquer de 4 años. Vienen de Calabozo en el estado Guárico en Venezuela. Se dirigen hacia Cali tienen familiares allí.

En el puerto a las 7 de la mañana es sábado y llegan muchas personas de Venezuela. Las barcas no paran de cruzar de un lado a otro y cada una va cargada de personas , maletas y bolsas de viaje.
Muchas de estas personas no pueden pagarse un viaje en autobús, no tienen nada han huido del hambre en busca de una mejor vida y andarán cientos de kilómetros con lo poco que llevan en sus bolsas de viaje. Otras tienen suerte y pueden pagarse un billete de autobús hacia Bogotá u otros destinos, pero todas huyen de lo mismo, todas coinciden en las entrevistas, que lo que los hace huir,es el hambre.

Marta de 44 años con su hija Eliana de 9 años y su hijo Manuel de 2 años. Su marido y dos hijas más andan unos kilómetros delante de ella. Van hacia Bogotá donde tiene a una hermana que está en la ciudad. “ Aun trabajando no teníamos muchas opciones de comer, con un salario no te llega para comer dignamente”.

Josefa descansa en la ruta hacia Bogotá junto a sus nietas y otros niños y niñas que van en el grupo junto a sus padres.

Poco después, un camión subió a todo el grupo de unas 15 personas con el que viajaba Josefa.

Fotos y textos Sergi Cámara

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